El Festival de Wesak y la Meditación

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Sobre el Festival de Wesak y la meditación

Durante el Año Solar; o sea, el tiempo que tarda nuestra Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol, se producen cíclicamente tres acontecimientos que, a la vista del esoterista, tienen una importancia capital, puesto que se trata de tres grandes festivales que, con el tiempo, serán una especie de unificación de la mente y los corazones de los seres humanos.

Se trata primero de la festividad de Pascua, que es una festividad auténticamente cristiana y en donde se exalta la elevación de Cristo o la ascensión a los cielos, tal como se dice místicamente, y que tiene por objeto que la humanidad se dé cuenta de aquella frase sacramental – “Cristo en ti, esperanza de gloria”- en ascensión permanente.

El segundo gran festival coincidente con la luna llena de Tauro, es precisamente el llamado festival de Wesak, una fiesta auténticamente oriental en la que se ensalza la gloriosa figura de Buda. Y no sólo esto sino que así como, por ejemplo, en la festividad de Pascua o la exaltación en la luna llena de Aries, se tiene en cuenta un acontecimiento pasado cual es la ascensión de Cristo como dato histórico, el festival de Wesak tiene su importancia porque se trata de un acontecimiento actual, mediante el cual y siguiendo (tal como se dice en los libros santos) los dictados de su corazón, Buda desciende anualmente a la Tierra desde los altos lugares, en donde su elevada concepción espiritual del Cosmos lo ha llevado, a bendecir a todos los seres humanos.

Por lo tanto, como precisamente él en un acto de sacrificio desciende, hablando simbólicamente, puesto que en el espacio no existe arriba ni abajo, pero si podemos decir que toma conciencia de un estado que pertenece a los seres humanos y que desde allí distribuye la fuerza cósmica con destino a la Tierra, estaremos en el buen camino de la comprensión.

Es decir, que el acto de hoy que preparará a la humanidad para todo un año de invocación y evocación espirituales, tiene por objeto que la persona humana, la psicología del hombre, llegue a interpretar adecuadamente los ritmos cíclicos del tiempo y a darse cuenta también de que el Universo y el planeta, y todo el contenido planetario son solidarios; que no existe, ni ha existido, ni jamás existirá separación alguna.

Esto es precisamente lo que Buda trae cada año con su celestial bendición: el sentido de unificación, el sentido de comunión, tal como se dice que es la comunión de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que están tratando de resolver la incógnita terrible de su vida: ¿Quién soy, de dónde vengo y adónde voy?…, y que, además, tienen presente que todos constituimos parte de una sola humanidad y que únicamente el principio de fraternidad es el que está actuando en la Tierra constantemente aunque no nos demos cuenta.

Y la preparación mística de Cristo ascendiendo a los cielos como dato histórico, y la bendición anual de Buda; es decir, que el festival occidental del cristianismo y el festival oriental del budismo, le dan luz a una nueva concepción de la vida y a un nuevo tipo de festival: el festival que se llama de la Humanidad o de la Gran Invocación, o de la invocación de los seres superiores.

Es decir, que la preparación que realizamos durante los tres primeros meses del año a través de las lunas llenas de Aries, de Tauro y de Géminis, será de un ritmo creciente y, con el tiempo, participará de este festival la humanidad entera y ya no sólo una fracción de creyentes de no importa qué religión, ya sea la cristiana o la budista, pues esencialmente, si el hombre es uno con la divinidad, no puede existir en el hombre una clase determinada de religión sin que se atenten los principios de unidad, al menos desde el punto de vista esotérico es así.

Y si existe comprensión desde el principio de vinculación cósmica con todo cuanto existe, entonces la religión tendrá solamente el interés de un dato pictórico dentro de la conciencia que nos servirá quizá de atalaya para ver quizá un poco mejor el camino; pero, realmente, lo que se intenta con los festivales, precisamente con los festivales que están de acuerdo con los principios jerárquicos de ritmos de fuerza o de ciclos de fuerza, como son, por ejemplo, el culto a la divinidad en los momentos cíclicos del plenilunio o cuando se están estudiando por los grandes esoteristas la influencia de las constelaciones sobre el planeta, no solamente como un dato zoológico, sino más bien con un sentido de la vida, de unificación, del cual participa todo cuanto hemos aprendido a través del cristianismo y también las explicaciones budistas a través de lo que significa la redención del hombre.

Se nos dice, por ejemplo, que Cristo vino a traer el amor de Dios, porque en el planeta, si alguien representa con toda genuidad, con la totalidad de su corazón, la plenitud del desapego y la más exquisita de las devociones hacia el Padre, es Cristo; y si algún ser ha habido en la Tierra capaz de interpretar a Dios desde un punto de vista iluminado, ha sido Buda; y teniendo presente que solamente el equilibrio de la razón y del amor, que solamente cuando estén identificados plenamente Oriente y Occidente; y que cuando el hombre, como tantas veces hemos dicho, llegue a pensar con el corazón y a sentir con su mente, se producirá en la Tierra este gran equilibrio que la Jerarquía y Shamballa están esperando desde el principio mismo de lo que es la humanidad.

Así que toda meditación en la cual estamos tratando de hurgar en los destinos cíclicos del tiempo, tratando de resolver la incógnita punzante y dolorosa de toda vida, buscando este equilibrio que debe traernos la paz que no tenemos, que debe hacer que nos desprendamos de la costra de la pasión y del apego y que finalmente nos lleve a adorar en su pureza infinita al Padre del cual procedemos, entonces, toda la concepción histórica de la vida tiene que sufrir una gran transformación.

Tiene que existir una razón de ser superior que nos debe progresivamente atrapar por todos los medios, de unificar nuestro corazón y nuestra mente con la mente y el corazón de todos los que nos rodean, para llegar así finalmente a una etapa mística denominada Iniciación o Iluminación, tal es el secreto de síntesis que el hombre trata constantemente de adquirir y de resolver dentro de su mente y su corazón.

La festividad de hoy, de exaltación del aspecto superior del hombre, tratando definidamente de trabajar conscientemente también para el Plan que su Padre desde los altos lugares ha planeado para nosotros, tratar de resolver la incógnita de toda vida y tratar de crear para la humanidad, testificando la presencia de que “el Cristo en ti, esperanza de gloria”, un arquetipo de tipo superior, es el por qué existen las reuniones de luna llena, para que de esta manera se pueda participar más ampliamente del sentido de la bendición búdica.

Si decimos que Buda desciende a la Tierra siguiendo el imperioso dictado de su corazón, siguiendo uno de los caminos que él ha elegido para servir los planes del Padre eterno (en este caso el Logos Solar); y si decimos que la humanidad cada vez va siendo más consciente de esa etapa mística de su propia vida psicológica, y si llega a comprender que la Jerarquía, los seres humanos y el más elevado centro planetario de Shamballa, en donde la voluntad de Dios es conocida, deben llegar a un equilibrio perfecto, se darán cuenta de la importancia de esta bendición búdica, pues Buda, por su elevación, por su sentido exacto, sincrónico, de su voluntad con la Voluntad del Padre, por haber adquirido el poder planetario de emerger de lo más hondo hasta adquirir la certeza de lo infinito; y que desde allí y por el imperio de su propia voluntad, y repito, siguiendo los dictados de su corazón, se sacrifica anualmente para llevar a nosotros, cual un Prometeo nuevo de lo cósmico, la luz de los altos lugares.

Es para que la humanidad renueve también, año tras año, su propósito de amar y de servir los planes de la divinidad.

Ahí está, que una meditación cíclica, solamente con el objeto de sacudirnos un poco de la modorra de lo que significa el ajetreo de la vida cotidiana; de salir de este ritmo que nos va encadenando progresivamente a esta era técnica que estamos viviendo, o bien, solamente el efecto de la voluntad de ser más consciente cada día de la fuerza viva que le da el imperio sobre las sombras que nos rodean, ya es de sí de importancia capital por cuanto cada meditación, cada acto de veneración o de aspiración superior es ante todo (esto lo venimos diciendo constantemente) un acto de servicio.

Un acto de revelación en nosotros de la Voluntad de Aquél que está más allá y por encima de nosotros.

Esto, ustedes me dirán, y tendrán razón, son palabras. Palabras que tendrán el significado que cada cual les asigne dentro de su mente y su corazón, esto no ha de ser así por más que estuviese convencido de la realidad de este acontecimiento, que realmente lo estoy, sino porque cada persona por su propia ley tiene que comprobar, tiene que experimentar la Voluntad del Padre en su propia vida antes de que no se dé cuenta de cual ha de ser el camino que tiene que seguir.

Y también decir que no basta escuchar ni leer, que no es necesario que la persona sepa mucho esoterismo, porque se le ha dicho que el esoterismo con sus conocimientos puede allegarle más luz y más poder; sino porque el amor que siente por las cosas y el amor que siente por los demás debe ser tan grande que debe tener primacía sobre todo cuanto tiene como contexto psicológico, para de esta manera llegar a penetrar los destinos del Padre, lo cual quiere significar que no se llega al Padre por el propio impulso de la personalidad sino que se llega al Padre por el Hijo, el Hijo es el amor del corazón.

Y si se pone énfasis en que debemos comprendernos los unos a los otros, porque si no hay comprensión no podemos tener un místico sentido del amor, y si sabemos también que solamente por este amor que podamos sentir podemos comprender en su justa y acabada medida la voluntad superior, entonces es cuando penetramos audazmente en el sentido meditativo de la vida.

Y cuando estemos en meditación, ya de buen principio estamos educiendo, estamos desarrollando en nosotros una actividad mayor de servicio en conexión con los grandes seres del sistema.

Por lo cual, una meditación sostenida es de contacto siempre con la divinidad; y esto es lo que hay que tratar de buscar, sintiendo mucho en el corazón este inmenso deseo por la fuerza de un propósito superior, y comprender que la Jerarquía es una ley en nuestro universo, de la misma manera que una ley de nuestro universo es el principio hermético de analogía por la cual, si una persona llega a conocerse mucho a sí misma, comprenderá muy bien a Dios, y que cuando los griegos en el templo de Delfos habían puesto aquel axioma de “Conócete hombre a ti mismo”, se le estaba diciendo: “En la medida que te estés reconociendo a ti mismo, estás reconociendo los planes de la Divinidad, y por lo tanto, ya no serás un hombre como los demás; vivirás en el mundo sin ser del mundo”, para ser más exactos y repitiendo las palabras de Cristo.

Porque la persona que se auto reconoce en toda su intensidad, se comprenderá en todos sus niveles de actividad y tratará de ser correcto en cada uno de estos niveles.

Se dará cuenta también de que siendo la vida una Jerarquía en funciones y que de la Jerarquía se destila el hálito de este Plan que los Maestros conocen y sirven; y que en la medida que sirvamos este Plan se nos ensanchará la visión y será más elevada la perspectiva.

Entonces, llegaremos a una consecuencia de que si realmente en una meditación de Luna llena, en la cual ya de un principio se les dice: “Se trata de un hecho actual el que Buda, el gran Iluminado, desciende por su propia voluntad y siguiendo la ley de su corazón, a la Tierra, procedente de los altos lugares del sistema en donde, por su propia sutilidad, debe estar por su jerarquía, y por la misma Jerarquía en funciones hay un sacrificio que se renueva año tras año para llevarnos el mensaje del Padre”.

Pues ante todo, siguiendo la Ley de Jerarquía, sabemos esotéricamente que la Jerarquía de los Maestros con Cristo a la cabeza y Shamballa, en donde “La Voluntad de Dios es conocida”, este lugar más sagrado del planeta, el único que puede servir de intermediario directo es precisamente el señor Buda.

Y que se sobreentiende que cuando descendiendo o, si ustedes prefieren otra palabra, haciendo conciencia en otro nivel superior más asequible a nosotros, renueva año tras año su bendición al mundo, significa no sólo que nos trae una energía propia de la Jerarquía en función de amor, sino que nos trae otra clase de amor desconocido en el planeta: el amor por la justicia o el amor de la justicia que debe hendir, como se dice en los libros sagrados, su espada en las entrañas del cumplimiento planetario.

Por lo cual se nos dice, que si la festividad máxima del año es Wesak, o, es decir, la fiesta que celebramos hoy, es porque cada día es más necesaria la voluntad del hombre para que pueda dignificar su amor, que cada vez el amor esté más libre del conjuro del deseo; que si el amor está libre del deseo, automáticamente se convierte en algo superior a lo que entendemos por amor, se convierte en justicia y en cumplimiento, en resolución.

Es decir, se convierte en voluntad.

Hasta aquí, separábamos dentro de la conciencia, la inteligencia, el amor y la voluntad, desde el momento en que existe integración, se da uno cuenta que no existe la separación, sino que existen solamente modalidades vibratorias de un solo aspecto.

Un solo aspecto que se llama la Voluntad de Dios de manifestarse a través del Universo, utilizando el amor de un aspecto de Sí mismo e interpretando estas cosas del amor en función de inteligencia creadora, por lo cual, hemos visto que existe un proceso de descenso de la divinidad con respecto al ser humano y esto se llama el sentido de descenso del Espíritu Santo.

Existe por parte del ser humano una tendencia infinita a seguir los dictados de su corazón y a fortalecer constantemente su mente y su entendimiento, lo cual significa que tiene dos caminos abiertos ante sí: el camino que va recto dentro al corazón y el que asciende hacia arriba a la cabeza, creando así un nuevo tipo de expresión que, podemos decir, es el que va a actualizar el hombre de la Nueva Era.

Todo cuanto estamos realizando en estos momentos de meditación no es ni más ni menos que un deseo infinito del Creador a través de todos y cada uno de nosotros, y en el momento en que se cumple la Voluntad a través de nosotros se define en el hombre el ser realizado, un discípulo de un Maestro, alguien en quien se puede confiar como un testimonio de gracia, y desde el momento en que podemos confiar en un hombre por el testimonio de gracia de su presencia, siguiendo los dictados de que “por sus frutos son reconocidos” las cualidades de un árbol, entonces sabemos que existen en el planeta actual personas que tienen esta fuerza, este Poder de poder conectarse conscientemente con el Corazón de Dios, y que pueden llevar a la Tierra un cumplimiento planetario para llevarle al mundo aquello que Cristo define con “la sal de la Tierra”.

Todos estamos pues en esta especie de carisma místico que nos permite representar igual que Cristo, igual que cualquier Maestro, un drama positivo de realización en el mundo donde vivimos, pues así es la ley; y si son doce los discípulos de Cristo, tal como se nos dice en el concepto cristiano, tengamos en cuenta de que desde el momento en que el cristianismo primitivo era realmente esotérico y que todos sus símbolos son realmente esotéricos, y al ser esotéricos se quiere decir que no están en oposición con ninguna otra creencia o religión de ningún aspecto determinado en el mundo, es porque no hay religión que en el fondo no guste al Padre, al Padre o al Hijo, unos por el amor y otros por la voluntad.

Otra fracción busca a Dios por el entendimiento, por la comprensión, por el ejercicio de la inteligencia, pero desde el momento en que nos damos cuenta de que realmente el esoterismo no es una nueva religión sino que es la esencia mística de todas las religiones, podemos abarcar dentro de su contexto todas las grandes religiones del mundo y ver que en el fondo todas están persiguiendo lo mismo; y además, que todas las religiones principales tienen idénticos símbolos. El símbolo de Cristo y los apóstoles no es ni más ni menos que el símbolo del Sol y las doce Constelaciones Zodiacales, es decir, que encontramos el misticismo en todo, y los misterios del cristianismo no son otra cosa que lo que en esoterismo se llama las Iniciaciones o las Iluminaciones progresivas.

Y esto nos lleva progresivamente a distinguir que cuando se habla de los aspectos trinos del hombre, de la mente, del amor y de su voluntad, nos estamos refiriendo que en el hombre debe existir forzosamente una atracción mística hacia lo superior en forma de integración que hace que su mente, su corazón y su voluntad, plenamente de acuerdo, están destinados a demostrar la Voluntad de Dios.

Y que cada vez que Buda renueva, por ejemplo, como en el día de hoy o mejor dicho anteayer en la Luna llena del signo de Tauro, la resolución de llevar equilibrio al mundo, toda aquella persona de buena voluntad que esté abierta a estas influencias cósmicas puede empezar a edificar el edificio o la estructura de su propio condicionamiento psicológico en libertad de acción, y que puede desde este punto convertirse en un agente creador de la divinidad, es decir, lo que podíamos decir: discípulo no solamente aquel número doce que nos cita históricamente la religión cristiana.

Es discípulo toda aquella persona capaz de amar y servir a sus semejantes; es decir, capaz de interpretar la Voluntad de Dios en forma amorosa e inteligente.

Desde este punto de vista, ya podemos extender el razonamiento a todas las zonas vitales de la humanidad.

¿Por qué?

Porque realmente estaremos hurgando constantemente en el corazón de Dios, o en su inteligencia creadora, o en los arcanos de su voluntad infinita en cuanto estemos tratando de descubrir un hecho en la naturaleza, o bien, de ayudar a una persona en necesidad.

La meditación, tal como la comprendemos, tal como tratamos de ejercitarla, es el instrumento más adecuado de conexión con la voluntad superior, y si esto se realiza en grupo, se sobreentiende que en ese grupo habrá un ejercicio de la voluntad de Dios en tanto exista integración.

Y la integración no es el estar atentos simplemente cuando estemos hablando o discutiendo algún tema esotérico, sino cuando llenos de unción hagamos el firme propósito de ponernos en contacto con el Yo superior y establecer así contacto con un aspecto del Padre.

Entonces, con ese aspecto del Padre que hayamos conquistado en un momento de la meditación, se creará en nuestro corazón la semilla o la levadura de lo eterno; y desde aquí empezará el ejercicio de una nueva vida para nosotros, al extremo de que existirá una transformación constante sin que lo queramos y sin que lo pretendamos.

Existe algo de la propia esencia de la divinidad tratando de llegar a un cumplimiento, y cuando exista un número suficiente de personas que a través de la meditación, del estudio, o bien del servicio, hayan logrado establecer ese contacto, se establecerá en la Tierra el germen de una nueva situación.

Porque esto no vamos a lograrlo cambiando las estructuras sociales, no vamos a lograr que la voluntad de Dios llegue a los hombres solamente cambiando los ornamentos de lo que hasta aquí hemos ido edificando, sino que hay que reformar estructura partiendo de la propia estructura individual.

De no ser así, de nada nos sirve el tener un gran aprecio por la divinidad y tratar de revelarla a través de un corazón muy amante y muy místico.

Se trata, como verán, de un trabajo lento que es el trabajo de pulir los ornamentos del cáliz, preparando el día en que el Verbo podrá ocupar plenamente este cáliz, y entonces elevar gozosamente la copa hacia arriba y decir:

Padre, hágase en mí tu santa Voluntad

Esta palabra sagrada, ya es la última que puede pronunciar el hombre al llegar al pináculo, digamos, de la perfección.

Solamente puede hacer que la voluntad del Padre sea en sí, cuando llegado el momento en que ha pulido el cáliz de tal manera que su deseo ya no está contaminado con nada de cuanto le rodea.

Es decir, seguir el imperio místico de aquellas palabras sagradas:

Vivimos en el mundo, pero no somos del mundo

lo cual quiere significar también que vivir en el mundo sin ser del mundo exige una completa donación de la pequeña voluntad que somos nosotros en la Voluntad del Padre, y que todo el amor que tengamos en el corazón sea capaz de romper la vasija de lo que nos mantiene en lo habitual, en lo personal, para hendirse progresivamente en las entrañas de lo eterno, en donde existe el sentimiento de unidad, y que términos como la familia, el concepto de amigo, el concepto de grupo, el concepto de unidad, tendrán un valor mucho más extenso, más amplio y más útil que el que tenemos hasta ahora en la actualidad, porque fíjense ustedes que hemos hablado del amor, de la justicia, no hemos hablado del amor del sentimiento.

Consideremos hoy, al menos hoy, que el amor por las cosas y por las personas ha desaparecido y que solamente queda en nosotros el amor por Dios, lo cual significa que tendremos que realizar un esfuerzo supremo para surgir como el Ave Fénix de las cenizas de nosotros mismos buscando algo que todavía no forma parte del contexto de la evolución de la humanidad.

Llegando a este punto, veremos que tal como ejercitamos el amor o la inteligencia en el mundo actual es falso desde el punto de vista del Padre, porque estamos apegados a las cosas y a los valores; y si vemos nosotros, por ejemplo, que existe un sacrificio constante de la divinidad enviando época tras época, civilización tras civilización, a alguno de sus hijos avanzados, alguno de sus avatares, para instruirnos y darnos fe de la Presencia divina para testificar el que “Cristo en ti, esperanza de gloria”, que constantemente estamos buscando, nuestra reorganización mental y nuestro sentido de valores tendrá que dar un cambio completo sobre sus ejes tradicionales y dirigir la vista hacia una cosa nueva que se presenta en lontananza.

Una perspectiva nueva para cuya conquista todavía no tenemos nociones mentales.

Podemos así, de esta manera, ejercer la vida dentro del nuevo campo magnético de situaciones, hasta el punto de que si transformamos nuestra vida de acuerdo con esos valores nuevos que ya empezamos ahora a ejercer, toda la problemática de la vida social tenderá a sufrir una gran transformación, quizá no hablaremos de fraternidad, de moral ni de ética, que son palabras, tampoco hablaremos de Dios y de paz, ni de fecundidad creadora, quizá no diremos nada, pero el amor de Dios estará en nosotros actuando con justicia, porque se pierde mucho tiempo hablando del amor de Dios, como se pierde mucho tiempo tratando de ejercer el amor de Dios a través de lo inmediato, lo más difícil es liberarse del sentido inmediato de valores y pensar o crear los caminos que conducen a la meta más lejana.

Al llegar a este punto toda la problemática de la existencia cambia, cambia radicalmente hasta el punto que todo cuanto hasta aquí hemos conocido carece completamente de valor, viene una reorientación absoluta hacia los misterios de gracia que son, como comprenderán, cosas desconocidas todavía para nuestra mente humana, para llegar finalmente a la conclusión de que el único ser que puede expresar amor en su máxima integridad es Aquél que creó el planeta a su imagen y semejanza.

Y naturalmente estamos dirigiendo la mirada apuntando hacia la meta más lejana, hacia el centro superior de la cabeza, como podíamos decir.

Hacia Shamballa, allí en donde la voluntad de Dios no solamente es ejercida sino conocida, sino que también es convenientemente interpretada y a través de la cual nos viene todo el apoyo que necesitamos; y que es de allí precisamente de donde proceden todos y cada uno de los grandes avatares que la civilización en marcha necesita para llegar a sus cauces definitivos.

Meditación, contemplación, todo cuanto en nuestro corazón tiene algo de místico y que tienda necesariamente a un silencio de comprensión, se basa precisamente en la comprensión ya acabada de este concepto de que solamente amamos con una pequeña parte del ser, que sólo sentimos con una débil fracción de nosotros mismos, que estamos tratando de llegar a un punto en donde la vida nos tiene sujetos ya, y que al tenernos sujetos nos impide continuar marchando.

Al llegar a este punto de comprensión viene el desapego, el cual se realiza por el esfuerzo sistemático de pulir, como decíamos antes, las estructuras, no las estructuras externas, las estructuras de la sociedad que nos rodea, sino las estructuras o andamiajes en donde se apoya nuestro “yo”, nuestro pequeño “yo”, lleno de satisfacciones y lleno de apego por lo inmediato.

Naturalmente, si tratamos de arrancar algo que está apegado a nuestro concepto psicológico sufriremos, ahí viene precisamente la deuda de sacrificio que tenemos con los grandes seres, puesto que con su ejemplo, con la testificación de su trabajo, nos han dado la norma y la medida de cuanto deberemos realizar para hacer y llegar a aquello que ellos hicieron y a donde ellos llegaron.

Es decir, que la meditación, la llegada de estas energías que invocaremos, todo el poder místico que está encendiéndose a nuestro alrededor, el silencio de esta aura que nos rodea, que contiene los gérmenes de la meditación de aquellos que a través del tiempo llegaron a las alturas, debe llegar a un momento en que lo podamos realizar no solamente en grupo, sino en forma individual, a fin de que podamos ser cada vez más conscientes no sólo de las cosas, no sólo de las personas que nos rodean, sino místicamente de nosotros mismos, porque el trabajo no es hacia fuera sino que es hacia adentro.

La música de la meditación viene siempre por el contacto con el ser interior, una vez en contacto con este ser, una vez nos demos cuenta de la gloriosa eficacia de su contacto, es cuando podemos empezar a trabajar y es cuando podemos decir realmente: “Mi meditación ha sido fructífera”.

Y con respecto a los planes de los grandes seres que llegaron antes que nosotros a culminar un estado de evolución, antes de poder interpretar la voluntad de Dios a través de Cristo en nuestro planeta y poder así ejercitar un poco en la medida que podamos el amor de su corazón, o hasta aquel punto mágico en que nuestra mente haya adquirido la certeza de las cosas del Reino; hasta este punto estaremos solamente marchando, o tratando de marchar de acuerdo con el principio que nos exigen las jerarquías, y sin darnos cuenta, esta jerarquía se convertirá en el centro de nuestras miradas y en el centro de todos los esfuerzos y de todas nuestras resoluciones.

Es decir, nada de lo que podamos recoger tiene un valor total si lo aprendemos como una conquista de nuestro ánimo o como una conquista de exterior constantemente volcado hacia deseos y conquistas, sino que debe ser en todo momento una interpretación exacta de desapego, de desapego de valores, porque se llegará a un punto en el que nos daremos cuenta que lo que más nos separa del corazón de Dios es el deseo de llegar a Dios.

Lo que más nos separa del corazón de Dios es el deseo de llegar a Dios

Ya esto es una etapa avanzada en la cual tendrá que utilizarse por vez primera, dentro de la existencia planetaria en el ser humano, la espada de la justicia.

Solamente la espada de la justicia puede romper los lazos que nos apegan a las cosas y a las personas; y esto es una cosa que, tarde o temprano, deberemos realizar, puesto que en esta especie de amor no hay duda ni confusión, existe la certeza, y con la certeza, el imperio de una fuerza que nos hace más grandes y más dignos de lo que hemos sido hasta este momento.

Les sugeriría la meditación y después, si acaso, un poco de coloquio, ¿qué les parece?

Porque si hacemos el coloquio ahora, al haber muchos razonamientos habría un poco de confusión, en cuanto que partiendo de esta idea que he analizado solamente como vía de preparación para la meditación, empecemos a divagar, entonces existiría un poco de desequilibrio en el ambiente.

Podíamos ahora aprovechar este momento de místico silencio para la meditación y después…

(Se hace la meditación)

Volveré a lo dicho para que quede esto claro aquí y ahora.

El Festival de Wesak es un hecho actual, mediante el cual Buda, siguiendo los dictados de su corazón como se lee en los libros místicos, hizo la promesa al Logos Planetario de venir una vez al año a costa de un gran sacrificio del cual nuestra mente no puede tener noción, a bendecir al mundo.

La bendición, verdaderamente la bendición, es una afloración o una expresión de energías cósmicas a través de Buda con destino a la Tierra que Él trae de los altos lugares, ya no planetarios sino cósmicos, por su poder como intermediario celeste entre el centro, digamos, Humanidad y Shamballa.

Hemos dicho que en este festival trascendemos el espíritu de jerarquía; es decir, que Cristo mismo se convierte en un agente transmisor de la energía de Shamballa que trae Buda.

Pero como el Señor de Shamballa, o sea, el Señor Planetario, el Logos Planetario o su expresión física, Sanat Kumara, del cual nos habla el esoterismo clásico, están unificados con todo el contexto de lo cósmico, una vez trae esta fuerza desde Shamballa Buda, Cristo y a través de la Jerarquía, debe transformarla en amor.

El amor que se renueva cada año, hago énfasis sobre este punto, no es el amor místico, no es el amor de la devoción, no es el amor de la veneración, no es el amor hacia las personas en sentido personal y con apego, sino que es el amor con el espíritu de justicia, porque el amor tal como lo entendemos niega el espíritu de justicia, da solamente algo y no es aquello que según la ley de Dios es patrimonio de todos.

¿Se dan cuenta la diferencia que existe entre el amor que tengo por mi padre, por mi madre, por mis hermanos, que es el amor habitual, con el amor de Dios que es el amor a todo cuanto existe?

Entonces, el amor desde este punto de vista debe estar simbolizado en la espada afilada de la justicia, que no teme herir los sentimientos en las pasiones, sino que va en búsqueda de la liberación de la persona para convertirla en un verdadero intérprete de la Voluntad del Padre o de la Voluntad de Dios.

Es decir, Shamballa opera sobre Buda en el momento en que Él bendice a la Humanidad; y el que transmite la bendición de Buda, que lleva la fuerza de Shamballa más todo el contenido tradicional de todo el conglomerado cósmico que es unitario y está unificado a la Tierra, a través de Cristo y de la Jerarquía.

Jerarquía, en este caso, la interpretación es que en la Tierra, después que el ser humano ha llegado en su progresión hacia Dios a un límite en el cual son rebasadas las fronteras de lo que es humano, se entra en otra dimensión que es el reino o mundo divino; y este reino divino, esta dimensión quinta de la cual no tenemos noción, no es ni más ni menos que aquellas palabras sacramentales que empleamos cuando definimos al Cristo y su Iglesia, o bien, la Jerarquía de Almas iluminadas, o la Jerarquía de aquellos que han trascendido la etapa de la humanidad y están viviendo en contacto con la divinidad interpretando correctamente los planes que esta divinidad tiene con respecto a la naturaleza, ya sea la naturaleza que actúe en el primer reino, en el segundo, en el tercero o en el cuarto, es decir, el reino mineral, el vegetal, el animal y el humano; siendo entonces el hombre solamente un vínculo de unión entre el tercer reino animal de la naturaleza con el quinto reino de las almas.

Y abundando más en el tema podemos decir que cada vez que estamos en meditación, estamos unificando el reino animal con el reino de Dios; siendo nosotros, en este caso, la misma función que realizamos que Cristo cuando recibe de Buda la ofrenda de su bendición.

¿Se dan cuenta, más o menos, el sentido?

Es decir, es una vez al año precisamente porque cada ser, psicológicamente hablando, se puede hablar en psicología incluso dentro de la Jerarquía, cuando llegado psicológicamente a un punto en el cual la rueda de atracción kármica de la Tierra ya no es para él, entonces, automáticamente queda ubicado en niveles más allá de nuestro sistema, digamos, planetario, o actuando allí, trabajando también ya en beneficio de la humanidad o de las humanidades de otros planetas, porque todas las humanidades son solidarias con el principio mágico de fraternidad.

Habría mucho que decir respecto a la jerarquía de los ángeles o devas que están en contacto con estos seres y cómo estos seres interpretando la voluntad de estos Adeptos, están realizando las cosas mejores a las cuales se refirió Cristo.

Por lo tanto, estamos tratando siempre la meditación con muchas calidades de fuerza; y la fuerza que impregna el ambiente con un silencio es la fuerza de los ángeles, que veremos ángeles en todas las grandes religiones del mundo e incluso se adoran los ángeles en las religiones más primitivas.

Lo cual significa que no es una ilusión de los sentidos, sino que se habla de los ángeles y cada vez tendremos que hablar de los ángeles cada vez con un sentido científico, ya no místico o filosófico sino científico, como una comprobación desde el momento en que el hombre, y esto lo analizamos en la calle Joaquín Costa, estaba tratando de descubrir el secreto de la cuarta dimensión, de la cual hablamos mucho pero que comprendemos muy poco.

Y al hablar de dimensión ya estoy refiriéndome a jerarquías, porque desde el momento en que el hombre puede trascender la tercera dimensión y pasar a la cuarta, o a la quinta, o a la sexta dimensión, eso no es más que una traslación de su conciencia venciendo etapas de espacio y tiempo, para llegar finalmente a realizar un arquetipo que existe indudablemente en cada una de estas dimensiones del espacio que desconocemos.

Y la meditación, ahondando más el tema, no es sino el intento del hombre de desarrollar dentro del pequeño y humilde mecanismo de su cerebro una célula especializada capaz de proyectarse hacia arriba y representarse objetivamente a algo que está en otra dimensión.

De ahí que los sueños, las videncias e incluso lo que hicieron los profetas no fue sino otra cosa que desarrollar a través de un intento de perfección continuado, una célula que les permitió ponerse en contacto con las jerarquías de aquel plano, y desde allí se convirtió, según sus luces y entendimiento, en un pequeño transmisor de una verdad.

Que muchos se equivocan al representarse objetivamente lo que ven en otras dimensiones, es natural, puesto que estamos inmersos dentro de un mundo de dualidad en el cual hay una refracción, una proyección deformada de lo que existe en los altos lugares; es decir, que cuando el hombre empieza a ser consciente de la voluntad de Dios en forma única y sin deformaciones es en el plano búdico del sistema solar, en donde el mismo espíritu de unidad impide la deformación.

Todo cuanto podamos conseguir en un momento de iluminación, en un momento de elevación mística, si las células del cerebro no están habituadas a representarse cosas objetivas, al llegar allí sufre una modificación y veremos así que todos los videntes de todas las religiones tienen un concepto diferente de las entidades angélicas, porque dependerá mucho de la evolución de ciertas células del cerebro en conexión con estas dimensiones sutiles, cómo podrá ser apreciado un adepto o un ángel, y poder decir sin equivocarse: “Yo he visto un ángel”, y luego decir equivocadamente que ha visto un ángel, cuando aquello era solamente una representación pictórica de lo que los hombres piensan de los ángeles a través de las edades.

¿Se dan cuenta de la diferencia que existe entre llegar a captar una realidad o estar sujetos a una ilusión?

Pero, naturalmente, es así como se comprenden las cosas porque siempre tendremos que llegar a un punto de equivocación antes de llegar a la absoluta certeza.

Pero cuando hablamos de meditación en sentido de dimensiones, estamos, como digo, tratando de descubrir dentro de nosotros un hálito luminoso, el cual, con su energía eléctrica, podemos decir, está tratando de actualizar un centro en nosotros mismos hasta que, falto de madurez, una célula especializada (digamos la glándula pineal) donde, al reflejarse la potencia infinita de la verdad, no sufra deformación al pasar al plano de la mente objetiva.

Y si bien la mente objetiva o intelectual tiende a equivocarse, si el cuerpo mental en su conjunto está unificado con el centro más elevado de la cabeza, es posible que dé una idea pictórica correcta de lo que es un ángel, de lo que es un discípulo en aquel plano, de lo que es por ejemplo una dimensión, y poder entonces, a partir de ahí la ciencia, empezar las averiguaciones.

Naturalmente la ciencia que tiene por objeto catalogar, medir, pesar, proyectar objetivamente las cosas, no puede fiarse de los hombres que dicen: “Un ángel es así”, cuando viene otra persona que dice: “Yo he visto un ángel así”, entonces la ciencia dice así: “Esperemos que exista una clara deducción de cómo es un ángel”; porque en un concilio de la Iglesia se llegó a discutir el sexo de los ángeles, porque incluso los padres de la Iglesia ignoraban si los ángeles tenían sexo, por lo tanto, esto demuestra que, incluso en los actos más místicos de la fe, ha existido un principio inconcreto que nunca ha revelado nadie.

Tendremos una revelación del ángel, podemos estar con los ángeles, sentir su voz, gozar de su compañía, en cuanto realicemos en nosotros la gran alquimia de polarizar todo lo que es contexto inferior en superior, en cuanto que pasemos del campo objetivo de lo inmediato al campo de la meta más lejana.

Lo cual implicará, como ustedes comprenderán, que deberemos pasar de lo que es apego en nosotros, de lo que es emotividad suma, a este elevado sentimiento de integridad y de belleza que es lo que nos acerca a los ángeles.

Un ángel, por ejemplo, puede inspirar a Beethoven una melodía, y realmente la música es un patrimonio angélico del 4º Subplano del Plano Búdico.

La elevada poesía está en el 3º Subplano del Plano Búdico y la literatura clásica está en el 2º Subplano del Plano Búdico; pero la liberación, la liberación del hombre, cuando ya ha barrido todo lo objetivo, está en el 7º Subplano del Plano Búdico.

Lo cual significa que ha vencido incluso la atracción de la belleza para convertirse en el espíritu mismo de la belleza, es decir, que ha ido surgiendo de sí mismo esa entidad psicológica superior que llamamos el Alma, de la cual conocemos tan poco.

Hablamos del Alma como hablamos de Dios, como hablamos de aquello que ignoramos.

Solamente hemos oído repetir esta palabra y tenemos un vago concepto de lo que es Dios, o de lo que es un Ángel, o de qué es el Maestro; y hablamos sin titubeo alguno de Dios, del Ángel o del Maestro, cuando sabemos, tenemos la certeza, de que no estamos en contacto con nuestros principios de verdad, sino simplemente que queremos admirar a todos los demás con aquella demostración porque en cierta ocasión, o en cierto momento hemos tenido la visión de algo que parecía un ángel, o la visión de Dios, o de un Maestro, y entonces viene la equivocación de interpretar su voz, decir cómo son los ángeles y empezar tratados psicológicos acerca del ángel, o tratados místicos acerca de lo que es Dios, o lo que es el Maestro sin saber que todos estos libros no son más que confusiones en este caso, porque el que tiene la realidad de Dios raras veces habla de Dios.

La honradez nunca se define en concepto personal porque la persona honrada no habla nunca de honradez; simplemente se acepta la honradez como una virtud natural, pero la persona que no tiene a Dios, no tiene fraternidad o no tiene honradez ni honestidad, constantemente está hablando de lo mismo y esto es una cosa psicológica porque forma parte de nuestra propia naturaleza, porque todos queremos tener el aprecio de los demás, y si no tenemos valores suficientes tenemos que inventarlos, y todo proceso de la vida psicológica de la humanidad es un sentido imitativo de valores sustanciales que nunca lo son, precisamente porque son imitaciones.

En cuanto a la creación, o sea, el contacto de la mente intelectual con el centro más elevado de la cabeza, el centro Sahasrara o donde está conectada la glándula pineal, entonces por la visión constante, orientación hacia Dios o hacia la Casa del Padre que tenemos, creando un antakarana de luz que nos conecta con los altos lugares, entonces puede ser que tengamos un vislumbre de realidad.

Y si nuestra mente intelectual está explícitamente moldeada y no está apegada a los conceptos superfluos, es muy fácil que podamos dar una cierta forma literaria a aquello que constituye parte de nuestra visión, antes no.

Más o menos, hemos ampliado más lo que tú habías dicho, ¿verdad? Pero eso es jerarquía, démonos cuenta que la jerarquía está en todo, es una ley dentro de nuestro Universo.

 

 

Interlocutor. – ¿Me podría aclarar si efectivamente el Maestro Rakoczy es su Maestro de ashrama?

Vicente. – ¿Si tiene un ashrama?… Todos los Maestros tienen un ashrama.

Interlocutor. – ¿Tú mismo perteneces a ese ashrama de Rakoczy?

Vicente. – No… Supongamos una cosa, supongamos que yo pertenezca a un ashrama, ¿quién podrá a ustedes darles la seguridad de que pertenezco a un ashrama?… Una pregunta, como Sócrates: ¿Qué le hace suponer que una persona puede pertenecer a un ashrama? Es una pregunta, ¿eh?…

Interlocutor. – Yo voy a contestar precisamente porque en los escritos de la revista “Conocimiento” has hablado de tu ashrama y del maestro “R…”; yo supongo que es el Maestro Rakoczy.

Vicente. – Puede que no sea el Maestro Rakoczy; puede que sea una figuración para comprender la gracia del Maestro, porque, fíjense bien, cuando hablamos de sutilidades como discípulo, maestro y ashrama, estamos discutiendo cosas que ustedes no pueden probar; tendrán que creer solamente por el ejercicio de la intuición.

Cuando existe intuición no se pregunta, se sabe, por lo tanto, suponga usted que yo diga: “Sí, es esto”. Usted queda tan tranquilo, pero puede que no sea verdad aquello.

En cambio, que si siguiendo la meditación, el hábito de la intuición, llega a penetrarse en el valor del misterio, usted ya no preguntará; y si yo le respondo me puedo equivocar muy fácilmente, porque lo que se trata, al hablar de maestros y de ashramas y esto lo hago muy frecuentemente, es estimular el corazón del hombre para decirle que hay zonas en sí mismo en donde hay una realidad, y que esta realidad está pugnando desde el principio de los tiempos para desarrollarse.

Entonces, si una persona muestra un testimonio que los demás no pueden probar sino que constituye parte de su vida y de su responsabilidad, nunca se puede ser categórico, como nunca puede ser categórica la afirmación de una persona que sin tener desarrollada la glándula pineal y su contacto con el centro intelectual puede decir cómo es un ángel, o cómo es el Maestro, entonces, yo nunca contesto preguntas que la persona no puede averiguar por sí misma, porque entonces es crear una confusión en su mente, prefiero que la persona y ahí voy siempre eduque el sentido fino de valores, para llegar a la conclusión de aquello que en las palabras de Cristo está muy bien definido: “Por los frutos deberá ser conocida la cualidad del árbol”.

Si usted es capaz, o tú eres capaz, de ver los frutos en otra persona es que hay el ashrama, pero no esperes nunca que sea uno el que diga:”Sí, yo soy un iniciado o soy un adepto”, porque esto es una negación del principio, porque es algo que no puede ser comprobado.

Yo nunca hablo de tiempo, por ejemplo, ¿qué va a interesarnos a nosotros, por ejemplo, que un Manvántara tiene trescientos mil años?… ¿Quién puede probar que un Manvántara, que un Pralaya, o que, por ejemplo, un Eón tenga tres mil millones de años si no podemos probarlo?… ¿Quién puede probarlo esto?…

Entonces, si yo enseño cómo hay que pescar para comer y no doy un pescado, yo creo que es mejor que exista la enseñanza.

Decir, por ejemplo, aquí hay un mar de verdad que nos aguarda y que todo lo tenemos, y que solamente tenemos que desarrollar el espíritu de observación, si educamos el fino instinto de observación que con el tiempo conduce a la intuición, sabremos por intuición la verdad sin preguntarla, y a eso voy.

De ahí que no hay que responder nunca en concreto y ¡ay de aquel que dé sentencias concretas! Demostrará que no está en el camino.

Interlocutor. – Era una comprobación.

Vicente. – Vale, de acuerdo.

Interlocutor. – Ha hablado varias veces de alquimia, y ahora he relacionado esto con esta época que estamos pasando de los tres plenilunios estos de los que ha hablado, de Aries, Tauro y Géminis. Han hablado los esoteristas de comenzar la gran obra en esta época; pero yo la verdad no comprendo nada. ¿Cósmicamente tiene una influencia esta época sobre el hombre y sobre toda la vida en general del planeta por la zona que esté pasando la Tierra en su movimiento de traslación alrededor del Sol, la zona cósmica? [Sí] ¿Es una zona de preferencias, de influencia en los ritmos vitales?… No sé…

Vicente. – Sí, desde luego. Se dice que nuestra Tierra está penetrando ahora en zonas ocupadas por la constelación de Acuario.

Se dice también que Acuario es una constelación y, al hablar de constelación, me estoy refiriendo a un Sol central con varios planetas que constituyen esta constelación, o varias estrellas que constituyen esta constelación, que está magnetizando (así como suena), una cierta zona del cielo o del espacio celeste.

Cuando la Tierra y el Sistema Solar van progresando, siempre buscando su línea de actuación alrededor de un eje superior, pasa por este punto donde operan las energías de estos poderosos señores cósmicos que actúan a través de la constelación de Acuario, entonces se produce una interacción de…, o respuesta invocativa a través de una serie de contactos entre el Logos de nuestro Sistema Solar o el Logos Planetario, cuando afecta directamente a la Tierra, y los Logos que constituyen la constelación de Acuario, dando a las constelaciones de todos los tipos que existen y a todos los sistemas solares y cósmicos, una existencia psicológica.

Es decir, que cuando se dice “Hombre, conócete a ti mismo”, se nos está diciendo que en la comprensión de nuestro contexto psicológico y a medida que avanzamos por zonas no trilladas del entendimiento, y hacemos contacto con las regiones superiores de nuestra vida, entonces empezamos a tener nociones psicológicas de aquellas grandes psicologías.

Cuando esto se hace en grupo, como ocurre con los momentos de meditación, esto es más positivo; pero, individualmente, y como civilización, cada vez que el planeta Tierra está penetrando dentro de una zona dentro de la cual actúa la influencia magnética de estas potestades cósmicas, algo de aquellas potestades cósmicas está actuando y creando unas derivaciones magnéticas o, si ustedes lo prefieren, alquímicas, dentro de la naturaleza, que afecta todos los reinos de la naturaleza empezando por el reino mineral, vegetal, animal y profundamente en el humano que es el más sensible, por cuanto es el punto de enlace entre los reinos inferiores y el reino superior, el quinto reino de la naturaleza. Entonces, sí.

Es algo que ocurre precisamente, y cada vez que la Tierra ha penetrado en una zona magnética ocupada por esta, digamos, gravitación magnética de una constelación, ha cambiado radicalmente el tipo de civilización de las humanidades. Habitualmente una constelación, por la precesión de los equinoccios, dura 2.500 años, por lo tanto, lo que tarde la Tierra en recorrer la constelación; o sea, ese campo magnético del Señor de Acuario, lo que tarde en dar estos 2.500 años de recorrido, se van a producir hechos que están relacionados con la evolución, digamos, de esas entidades cósmicas que se manifiestan a través de Acuario, de la constelación; y el planeta que está en conexión, digamos magnética, más acusada con la constelación de Acuario, es el planeta Urano.

Y, por lo tanto, Urano es el planeta que en su vinculación, y constituyendo parte del sistema solar, manifiesta a través del sistema solar toda la fuerza posible que le envía directamente la constelación de Acuario. Es decir, que hay que contar con dos cosas: primero, que la Tierra está entrando en la constelación de Acuario y que está sujeta ahora a ciertas transformaciones propias de Acuario a través de Urano, por ejemplo, las conquistas del espacio es algo directamente impresionado por la fuerza de Urano recibida de Acuario; el fenómeno Hippie es un fenómeno radicalmente de Acuario, aunque es un ensayo de buscar el hombre superior, que es un revolucionario pero con inteligencia. Siempre Acuario está actuando sobre nosotros, en un principio, en forma de excentricismo y extravagancia, porque es un planeta que es muy movido, de cambios súbitos, y por lo tanto, tendremos que apreciar y desarrollar en nosotros grandes capacidades intuitivas para poder reflejar, sin deformación, la fuerza que nos envía Acuario a través de Urano.

Es decir, que nuestra vida psicológica está cambiando profundamente (y ahí está la gran oportunidad), debido a que hemos entrado recién ahora en la constelación de Acuario. Y de la misma manera que el crepúsculo de la noche precede a la noche y las auroras preceden al día, estamos ahora solamente en la aurora de la influencia de Acuario, eso quiere decir que solamente bordeamos las grandes posibilidades y oportunidades de la constelación de Acuario, es decir, somos solamente algo conscientes (esto ya dentro del terreno esoterista), de algunas de las influencias que están manifestando los Logos solares que constituyen la constelación de Acuario a través de Urano. Así que consideren todo el universo cósmico como solidario, como si fuesen familias agrupadas que se visitan de vez en cuando y que traen cada una de ellas un mensaje para la otra.

Siendo así, cuando hablamos de fraternidad empleamos un término mucho más profundo que cuando hablamos de la fraternidad humana que prácticamente no existe todavía. Por lo tanto, si no somos capaces de sentir esta profunda fraternidad humana, ¿cómo vamos a comprender la fraternidad cósmica, la que unifica las constelaciones diferentes con las galaxias distintas que existen dentro del conjunto de universos que constituyen el espacio cósmico? Y aquí se pierde la mente; no podemos, es imposible razonar sobre la magnitud de esta cosa, de ahí que cuando Sócrates decía:”Yo sólo sé que no sé nada”, estaba dando un principio místico de humildad, porque se daba cuenta de que no podía penetrar nunca el misterio de elevación que existe dentro de la infinita fraternidad cósmica. Más o menos ¿te ha contestado esto?…

Desde luego, no puede ser contestado esto en forma directa por una razón que te diré, y es que todas las personas tienen un distinto modo de ver las cosas y una distinta manera de apreciar los acontecimientos; por lo tanto, según la educación, la cultura, el concepto psicológico, el tipo de educación recibida, y según el tipo de rayo fundamentalmente, apreciará las cosas según un punto de vista determinado; lo cual no quiere decir que esté en el error sino que ve las cosas en forma diferente.

Pero la alquimia, a la cual te has referido desde un buen principio, es el principio de progresión o polarización de inferir a lo superior, es decir, que cuando los grandes místicos del pasado (equivocadamente) buscaban la conversión del plomo en oro, no hacían sino rebajar el proceso místico a algo que pertenecía a la ciencia química; y se equivocaron en esto, sino que el sentido de alquimia, el sentido de traslación de la conciencia, el sentido de polaridad hacia lo superior, no es ni más ni menos que algo que estamos realizando constantemente.

Cada día estamos polarizándonos en otro estado de ánimo, es decir, que nacemos pero nunca somos los de ayer, pertenecemos al día de hoy, y el día de hoy nos traerá hechos muy diferentes a los que trajo el día de ayer.

Es decir, vamos a terminar la idea: la alquimia, que más tarde se convirtió en la química moderna, como la astrología fue el precursor de la ciencia astronómica, tienen un sentido de valores, de reorganización, de polarización y, sobre todo, de traslación de la conciencia, y ahora, si entendemos o tratamos de comprender la idea de que los universos y las constelaciones que existen en el plano cósmico son casi consanguíneas (permítanme esta expresión), que todas obedecen al mismo resorte de una entidad absoluta de la cual jamás tendremos noción, llegaremos a la conclusión de que está operándonos actualmente como una oportunidad, un sentido de valores que está reorganizando la vida psicológica del ser humano en la actualidad, preparándola ya para una época futura en la cual podrá quizá expresar un nuevo arquetipo de bondad, de verdad y de belleza.

Interlocutor. – Sí, cuando hablamos de Buda se entiende que se trata de Gautama. Ahora bien, Buda es un estado, y pues en este estado ¿cuántos seres han llegado? ¿Se conocen algunos más que han llegado a ese estado de realización de Buda?

Vicente. – Estamos inmersos ya en el sentido de Jerarquía. Según se nos dice (decimos así porque no podemos probarlo, aunque fuese una certeza yo no la podría probar), que el Buda fue el primer ser en la vida humana que alcanzó el estado de Buda, el estado de Iniciación, es decir, que la historia mística del príncipe Sidharta Gautama, que más tarde alcanzó el estado de Buda, como el estado de Cristo en otro aspecto, son consanguíneos o subsidiarios del Rayo de Amor de este universo.

En este universo actúa el amor de Dios como fuerza principal, y el amor de Dios se subdivide en dos aspectos siguiendo las leyes de dualidad: en amor y sabiduría. De la misma manera que Buda fue el primer ser en la Tierra (según se nos dice), que alcanzó la liberación, el único ser en la Tierra capaz de expresar en su íntima expresión el amor de Dios, fue Cristo.

Ambos constituyen (estos grandes hermanos), una jerarquía única, a la cual no ha llegado todavía ningún ser humano; pero existen otros budas actuantes en el planeta que son: unos, Los Tres Señores de la Llama que, al principio de la 3ª Raza Raíz vinieron de Venus para ayudar en la estructuración de lo que hoy es la mente de los hombres. Son tres Señores de la Llama que, con su poder, constituyen la ayuda mística sobre el Señor Planetario o Sanat Kumara para expresar, a través de la naturaleza, el amor de Dios precisamente. Entonces, tenemos que hay un Buda que alcanzó la liberación o el estado de Buda, es decir, Sidharta Gautama.

Y existe un amor pletórico de energías, tal como se expresan en Cristo, que tienen como finalidad unificar el corazón del hombre con la cabeza del hombre, de la misma (manera) que Buda tiene como misión hacer pensar el corazón de los hombres.

Por lo tanto, hablamos de una Jerarquía en funciones pertenecientes al Señor de la Compasión y de la Sabiduría, que es Buda; y otro el Señor de la Compasión y del Amor, que es Cristo; y que estos dos Seres se convierten automáticamente para el esoterista: uno en el Señor que nos conecta con lo cósmico, Buda, y otro, el Señor que nos conecta con el corazón místico de la divinidad y con los demás seres humanos: Cristo, el espíritu del amor. Por lo tanto, Jerarquía, Buda; Jerarquía, Cristo; Jerarquía, la legión de almas iluminadas que alcanzaron la liberación; Jerarquía mística superior, Shamballa con el Señor del Mundo y sus altos consejeros; Jerarquía, todas aquellas entidades que actúan a través de los planetas de nuestro sistema solar; Jerarquía también, todos aquellos planetas, satélites, cometas, soles y estrellas que actúan a través de las constelaciones, constituyendo todos ellos solamente parte del mismo cuerpo, del cuerpo de un Ser cuya excelsitud escapa por completo a la medida del entendimiento.

Pero, si quieren tener un vislumbre del poder de esta divinidad, de esta grandiosa perspectiva, eduquen la mente en el silencio; es la única manera que por vía interior, a través del corazón místico, lleguen a comprender algo, aunque sea fugazmente, lo que significa la grandeza de esta Fraternidad.

Es decir, que uno de los aspectos principales de la meditación es la contemplación; y la contemplación es medida siempre en términos de silencio.

Si se educa la mente en el silencio, si se preocupa el ser de estar silencioso, de amar el silencio, llegará a comprender más de la divinidad que a través de los tratados esotéricos, de los tratados de filosofía, psicología o de ciencias naturales, como ustedes quieran. Porque todo está en nosotros; solamente tenemos que descubrir el estímulo que debe llevarnos a ser conscientes de esta gran realidad.

Leonor. – Bueno, yo voy a hacer una pregunta que es una cosa que se me ha ocurrido escuchando a los amigos.

Resulta que la inquietud y la duda de lo que se oye y de lo que se aprende, supongo que sólo debe tener una dimensión que es el tiempo ¿verdad?

Porque si pensamos que lo que oímos tan grande no lo vemos por la calle parece que no se avanza, que no se hace nada, esto entonces debe ser que debemos situar la mente en dos puntos: uno ver lo que la sociedad llega a establecer; otro, la que se llegará a establecer si algunas personas continúan pensando y sintiendo como nosotros.

Precipitar más pronto el Plan de Dios, pero una vida es corta para encontrar satisfacción de lo que se sabe.

Cuando uno es joven parece que nunca se va a ver nada, porque todos quisiéramos verlo a la otra semana ya implantado aquello que hemos aprendido la semana anterior, entonces, el trabajo psicológico debe ser poder fijar la mente en dos direcciones: una, mirar hacia fuera, otra, mirar hacia dentro, ver el trabajo como se hace, de lo de dentro afuera y lo de fuera adentro.

Porque siendo joven no se ve nunca plasmar lo que se aprende, porque el tiempo pasa y parece que no se ve nada fuera; entonces, aquí está para mí la duda de muchos, que al acudir a alguna reunión de tipo esotérico o de tipo de lo que sea, aunque sea filosófico, lo que sea, no encuentran nada que se parezca a la realidad de lo que ven cada día, porque tenemos que tener dos clases de miradas. ¿Verdad que debe ser esto?

Porque hay motivos para estar decepcionados, hay motivos para estar muy satisfechos del avance del progreso.

Entonces, hay que tener un sistema para abrir más pronto los ojos, para ver en dos direcciones diferentes esta duda que muchas personas que acuden a ciertos lugares, o que leen ciertos libros, adquieren más dudas todavía de las que tenían antes de oír o antes de aprender.

Y a menudo sucede que veo y comprendo que hay personas que aún dudan más después de oír ciertas cosas o después de leer ciertas cosas, aún dudan más, porque aquella grandeza no la ven plasmada en ninguna parte y les parece que el tiempo se pierde; les parece que no se hace nada.

Entonces, ¿cómo pueden saltar este dispositivo que desde dentro se puede ver que sí que se hace fuera? ¿No te parece que, quizá, pensando en las civilizaciones desaparecidas hasta dónde han llegado y hasta dónde hemos vuelto a empezar a través de esta espiral, mirando lo pasado no pueden pensar en que sí que se adelanta y que se va plasmando este Plan?, esta línea que para los alquimistas dicen que muchas veces buscaban el oro en el plomo, pero era la paciencia y la sabiduría de los que lo que buscaban lo que hacía el proceso alquímico dentro de ellos mismos.

Al final ya no buscaban el oro, ya no les importaba, ellos ya no eran los mismos que cuando empezaban a buscarlo. Y no sé, yo quisiera que me explicaras algo sobre estas dos dimensiones, estas direcciones de una persona que querría encontrar la realidad desde fuera y después de aprender mucho, ve que no va a ninguna parte.

Vicente. – Sí, existe en el hombre una tendencia a ver estructuras superficiales o estructuras externas, y la persona que está mirando una estructura externa, que la ve crecer y que se ve modelar, cae muchas veces en la impaciencia. ¿Por qué?

Porque la estructura tarda en revelar aquello que su mente está interpretando en los aspectos digamos sutiles.

Pero esto forma parte del proceso de la evolución y, siguiendo una ley de jerarquía habrá personas que actuarán sobre la estructura muy aparte de la estructura. Ahí está lo difícil, no ver la estructura que se está formando de acuerdo con el principio de lo que estamos sintiendo, sino que la persona que de veras vea una estructura deficiente y quiera mejorarla, no tendrá que trabajar desde dentro porque quedaría aprisionado. Es decir, fíjense bien: si nosotros somos conscientes de que la sociedad va mal y queremos contribuir en alguna manera a reestructurarla, seguramente tendremos que modificar mucho nuestra actitud para colaborar precisamente en el plan de estructuración, pero yo me refiero a un sentido exquisito de valores que existen en la persona y que como dice Leonor, es paciente y perseverante; que se da cuenta de que la humanidad no puede ser llevada a la ascensión en los cielos, sino que está siguiendo un curso, un límite, un ritmo, del cual no se puede salir porque está obedeciendo precisamente, a lo que antes hemos dicho por Ley de Jerarquía.

Pero, toda persona tiene a su alrededor personas que están en contacto con otra personas que pueden contribuir, hasta un cierto punto y en una cierta medida, a reestructurar un cierto aspecto de la estructura social; es decir, que no hay ningún Maestro de la Jerarquía que adopte él la tarea de reorganizar un partido social o un elemento dentro del contexto social de la humanidad, sino que tiene solamente en su poder un plan, y este plan lo lanza a los éteres.

Y todas las personas capacitadas que están interesadas fundamentalmente en algún cambio, están tomando de aquel diseño que el Maestro ha lanzado al espacio en forma concentrada y al mismo tiempo influyente, para influenciar a otras personas que son las que con su lento latir y pesado trabajo de estructuración, están levantando la sociedad. Es decir, que el esoterista, se nos dice, trabaja con el aspecto vida y que las personas corrientes trabajan con el aspecto forma, pero también se nos dice que el verdadero discípulo es aquel que mira hacia arriba y ayuda abajo; lo cual quiere decir que debe prescindir de sus grandes arrebatos místicos y descender al mundo de la acción, y estar en contacto con todo aquello que puede ser reformado, empezando fundamentalmente por algo que se olvida muy fácilmente, que es la conducta, porque la gente por su propia ley, la ley de la forma, la ley de la forma es la que testifica la presencia, es el centro de atención de muchas personas, entonces, toda su forma de extraer de sí la estructura nueva, tendrá que ser considerado de dos maneras: primero, que no deforme el plan que ha captado de los éteres sutiles, como una proyección de un arquetipo lanzado por una entidad superior, sino que tiene un trabajo lento de estructuración mental y después crítico.

Ya dijimos que el ciudadano verdadero es el verdadero discípulo; tiene que elaborar en la sociedad para crear las estructuras nuevas, pero será un crear callado, paciente, lento, pero con el fundamento siempre de la presencia de una inspiración superior, y no estará de acuerdo con muchas cosas, pero continuará pacientemente desde su sitio de observación el transformarse la sociedad, y todas aquellas personas sensibles en cierta manera a la vida superior, hallarán en él alguien en quien pueden confiar, esto creará en la sociedad un aura de simpatía entre varias personas.

Ahora se habla mucho de los grupos, los grupos de la Nueva Era son grupos como el nuestro que se reúnen para invocar fuerza por el entendido de que la fuerza está y que solamente debemos desarrollar la capacidad de recibir. Pero no podemos crear una estructura nueva sin que fundamentalmente aquellos que se consideren a sí mismos como esotéricos o como discípulos, no emprendan en sí mismos la gran tarea de reestructuración de su propia psicología, es entonces cuando realmente empieza a funcionar y a crearse desde una buena base la estructura social correcta para el futuro, no antes; lo cual significa que por muchos defectos que veamos en la estructura social, por mucho que estemos contrariados con la evolución de cierto tipo de civilización, no lo podemos hacer externamente sino que nuestra misión esotérica —siempre hablo en términos esotéricos— deberá ser la de estar constantemente reorientando energías hacia lo cósmico, y al propio tiempo sirviendo —según sus fuerzas y medidas— en el ambiente en que kármicamente se está moviendo. ¿Se dan cuenta? Mirar arriba y ayudar abajo. La estructura la crean los hombres, pero la inspiración y el trabajo lento de llevar lo abstracto a lo concreto pertenece a los ángeles conducidos por la buena voluntad de los hombres que triunfaron por medio de la humanidad, de aquellos hombres capaces de percibir un arquetipo y trabajar constantemente para realizarlo.

Quizá no sea una cosa concreta, pero es que fíjense bien, el aspecto esotérico nunca puede llegar a concretar, debido a que constantemente surgen cosas nuevas que reconducir, y si nos apegamos a las formas concretas, ya se trate de la forma de un ángel o de un conglomerado específico dentro de la sociedad, o de un género de estructura definida, habrá que empezar primero por tener una idea muy clara del sentido de la vida, hasta el punto que este sentido de la vida llene su ser de tal manera que no piense, ni sienta, ni actúe, si no es de acuerdo con aquel arquetipo que él trate de desarrollar. No puede hacer otra cosa que esto, y moviéndose siempre desde el campo de sus propias posibilidades kármicas, porque es donde Dios te ha situado en donde debes laborar principalmente la obra cumbre de realización de un arquetipo o de creación del nuevo tipo de estructura más de acuerdo con la realidad esencial.

Así que todos tenemos nuestra responsabilidad en la creación de la nueva sociedad, todos tenemos la responsabilidad de acogernos al hálito de esta oportunidad que nos está ofreciendo Acuario, que todos tenemos la responsabilidad de ser cada día más profundos y menos superficiales, y ser cada día más compañeros de los demás, con menos sentido regresivo y con más sentido de valores justos y de síntesis; es decir, que todo cuanto se nos ha enseñado, ya sea en el catecismo del ciudadano, con las reglas de un ciudadano de una conducta intachable, desde la niñez, cuanto se nos ha enseñado en la Iglesia —los que son creyentes—, cuanto hemos leído en los libros, los santos y los no santos, fundamentalmente están trabajando para una nueva sociedad, pero esta nueva sociedad no puede surgir a menos que surjan los valores del espíritu que cada uno de nosotros tiene dentro de su Ser.

Interlocutor. – ¿Puede un ángel encarnar en un ser humano o es una cosa diferente a lo humano?

Vicente. – El ángel es otro reino, digamos, de la naturaleza, u otro mundo sutil, es, por así decirlo, una evolución paralela a la humana; es decir, que los ángeles son los que crean con los elementos que les facilita el ser humano, desde el crecimiento de una hierba pequeña, que es una creación del ángel, el perfume de la flor, como el edificio, son todos lo que crea un plano donde se manifiesta un aspecto del Logos Solar.

Es decir, que cada uno de los planos del sistema solar está regido por un Arcángel; y, por ley de jerarquía, cada subplano de aquel plano específico donde se manifiesta la fuerza de dicho Arcángel, hay una legión de ángeles y de toda clase de devas en diferentes gradaciones, que están interpretando sinfónicamente —así es la verdad—, en forma de música, en forma de arte, o en forma de creación sutil, lo que es la voluntad de Dios. Nosotros, los seres humanos, tenemos a nuestro contacto los pequeños ángeles de la naturaleza, las hadas de los bosques, de las flores; todo esto que hemos visto representado gráficamente en los libros de cuentos de la niñez, se están basando en realidades que están ocurriendo ahora, que no son cosas del pasado o que pertenece a la tradición mística de las religiones, sino que precisamente, toda religión rinde culto a los ángeles, ya sea a través de las campanas o del incienso, y aquí hemos quemado sándalo, precisamente porque el sándalo atrae a los ángeles, y los ángeles están desesperadamente intentando establecer contacto con nosotros, lo cual no puede suceder porque amamos tanto el ruido —ahí está la gracia del silencio— que no pueden penetrar por ninguna parte de nuestro ser para darnos algún mensaje.

Por lo tanto, los ángeles hay que considerarlos cada vez más como unos elementos que siguen una evolución sintónica a la nuestra y que, cuando hablamos de fraternidad, cuando hablamos de evolución espiritual, cuando hablamos de arrebatos místicos, cuando hablamos del arte creador, la música, la escultura, la poesía, en poesía hablamos de las musas, ¿qué son las musas sino los ángeles que están inspirando al poeta?

Se habla de los silfos del aire que inspiran las notas de la música, de las ondinas del agua, de los enanitos de la tierra, y son entidades que tienen vida y que con su poder están reestructurando la forma física del planeta, y en los planos sutiles están dando forma a nuestros pensamientos y a nuestras emociones; entonces, desde el momento en que esotéricamente se llega a la comprensión de ese estado que pertenece a una sutilidad a la cual no podemos todavía llegar porque estamos hendidos en el cieno de lo más profundo de la materia, entonces, existen los contrasentidos y el porqué la negación de la existencia de los ángeles, o a esto que se dice de si el ángel tiene sexo, como fue la base de un concilio de la Iglesia católica.

Por lo tanto, no hay ninguna religión en el mundo que no rinda culto a los ángeles y hable de los ángeles.

La religión cristiana le da el nombre de ángeles, arcángeles, querubines y todas estas cosas, pero tenemos las religiones orientales que hablan de los devas, de los espíritus de la naturaleza, que no son ni más ni menos que estas criaturas de Dios que están tratando de establecer contacto con el hombre, es decir, que son los representantes genuinos de la fraternidad universal.

Y no podemos llegar a un estado místico de contemplación sin contar con la fuerza protectora de los ángeles, no podemos llegar a un grado de iniciación si antes no hemos adquirido el poder de invocar a los ángeles —los ángeles buenos—, y huir de la fuerza avasalladora de los elementos o elementales de la naturaleza, o sea, esta gradación dévica que pertenece a los planos inferiores, en donde todavía estamos inmersos por tener todavía un cuerpo físico denso, una emoción densa y un cuerpo mental todavía denso. ¿Se dan cuenta también en otra programática superior cómo intentamos establecer contacto con el Yo superior, que en su esencia es un ángel que está tratando de manifestarse a través de nosotros?

Pues de la misma manera que nos es muy difícil todavía establecer contacto con nuestro Ángel Protector, nuestro Ángel Solar o este Yo superior, en esta misma manera estamos negando la existencia de los ángeles, de estos elementos que se mueven en niveles a los cuales no podemos acceder porque nos faltan los resortes adecuados de aproximación, las células específicas mediante las cuales llegamos a tener conciencia de otras dimensiones más sutiles, para llegar a un punto en que nos demos cuenta también de que la gama rica de los sentimientos de nuestro ser son algo legado por los devas, dentro ya de este sentido de unidad que lo llena todo.

Interlocutor. – ¿Puedo hacer una pregunta?

Vicente. – Si está de acuerdo con el tema, sí.

Interlocutor. – Es que hace ya algún tiempo que le oí hablar de tres fuegos: el fuego de Fohat, de Prana y de Kundalini. Hablaba usted de unir el fuego del Corazón con el fuego del Espíritu. Entonces me pregunto yo: ¿estos dos fuegos no son el Kundalini que sube, que va subiendo en los cuerpos?

Vicente. – Cuando el fuego solar del Corazón ascendiendo progresivamente hacia arriba establece contacto con el fuego espiritual de Fohat, entonces empieza a despertarse sin peligro el fuego de Kundalini, porque (es peligroso) sin antes haber establecido contacto —más concreto todavía— entre el corazón o el centro Cardíaco con el centro de la Garganta y éste con el centro Ajna del entrecejo.

Si no hay una plena integración de la personalidad, el desarrollo prematuro del fuego de Kundalini puede llevar a extremos indecibles, digamos de, algo terrible; es espantoso el sufrimiento de la persona que, como aprendiz de brujo, intenta desarrollar los fuegos de la naturaleza corporal o de la materia, o de Kundalini, sin antes haber ejercitado el poder superior de establecer contacto entre el corazón, el centro del entrecejo y la garganta. Y entonces, de aquí pasar al centro de Fohat.

Una vez Fohat —el fuego de la Mónada o del Espíritu—, ha enviado parte de su vida a través del Antakarana, entonces, se centuplica el fuego de amor del corazón, se ama más a las personas y a todo cuanto nos rodea, y se entra en un estado místico de contemplación.

Desde el momento —ya estamos con el silencio— que hemos adquirido el silencio místico, entonces sin peligro ya, siguiendo unas leyes naturales, empieza a ascender la serpiente de Kundalini a través del Susumma, y va entonces desarrollándose los centros, primero, los inferiores, después los superiores, hasta convertir el hombre en un Adepto de la Buena Ley; es decir, que cuando hablamos de un Adepto o de un Maestro de Compasión y de Sabiduría, no hacemos sino establecer un equilibrio mágico entre el fuego de Dios, el fuego de la naturaleza y el fuego del hombre. Es decir, el fuego místico del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; o sea, Shiva, Vishnú y Brahma; o Isis, Osiris y Horus, que no son más que el equilibrio de las tres personas de la Divinidad, engendrando cada cual una parte del fuego del Dios Absoluto, es decir, que Fohat, Prana y Kundalini, mirados desde el alto lugar de un gran Adepto, por ejemplo, de una constelación cósmica, se verá como un solo fuego.

Aquí en la Tierra, nuestra visión, deformada por el espacio y tiempo y por nuestro grado de evolución, distinguimos tres especies de cosas. ¿Por qué?, porque estamos inmersos en una serie de cosas y somos deseosos de estas cosas.

Pero lo malo es cuando queriendo imitar a los grandes, sin haber perdido la pequeñez, estamos tratando de justificar nuestra evolución desarrollando algo que no conocemos; y entonces viene el peligro y, ¡cuántas personas no han perdido la razón!… o su vida entregada en holocausto de una búsqueda de algo que todavía no se le había permitido.

Es decir, sintetizando, en la justa medida que integremos el cuerpo físico, la emoción y la mente, y en la medida que seamos capaces de establecer contacto con el Yo superior, en esta justa medida, el fuego del Fohat enviará sus radiaciones al Corazón, cuando esto se realice en una cierta manera y hasta cierto punto, entonces empezará el lento crecimiento o ascensión —ya estamos con el proceso de ascensión del Cristo—, que no es más que una representación pictórica de la ascensión del Kundalini por el árbol de la vida.

Porque existe un Kundalini cósmico, como existe un Fohat cósmico, como existe un Prana cósmico, por lo tanto, estamos trabajando siempre con los mismos materiales, sino en una proporción y medida que está más allá de nuestro entendimiento. ¿Más o menos?…

Interlocutor. – Así quieres decir que un ángel no puede coger cuerpo material, es una materia diferente, es aparte de lo humano, es una cosa aparte. Porque se ha dicho algunas veces, oí que se ha dicho: San Francisco de Asís es un Arcángel encarnado. Yo, a mi poco entendimiento, me parecía que no, porque San Francisco de Asís tenía materia como nosotros y aquello es otra cosa aparte, es otra materia aparte.

Vicente. – Se podía decir más claramente y más hacia la realidad diciendo: San Francisco de Asís estableció contacto con un ángel o con varios ángeles, es decir, que no existe ninguna jerarquía humana en la Tierra que no tenga un cierto punto de evolución y que esté en contacto con las leyes superiores de la naturaleza, que no tenga contacto con los ángeles, pero los ángeles no tienen cuerpo como tenemos nosotros, son ráfagas de luz, son ráfagas de sonido; pero pueden adoptar, a su gusto y manera, porque tienen el poder de hacerlo, alguna forma definida. Y por lo tanto, a un creyente de tipo religioso del aspecto cristiano, se le representará con una túnica con alas, pero si se representa a los ojos de un creyente hindú, se le manifestará como una forma de la naturaleza.

Y para escuchar un ángel hay que educar el fino sentido oído interior, porque el ángel no se expresa con palabras.

Si queréis escuchar a un ángel, escuchemos la música, una bella poesía, vayamos al campo, el paso del viento, el perfume de las flores… Si estamos atentos, llegará un momento en que cierto trino de algún pájaro allá a lo lejos, una forma en que se mueve el viento a nuestro alrededor, o una inspiración interna que tengamos, nos dará un mensaje el ángel tan claro como si nos dijeran algo a través del micrófono.

Interlocutor. – ¿Puedo decir otra cosa?

Vicente. – Sí, claro.

Interlocutor. – ¿Un querubín es aquellos ángeles que pintan aquellos niños con la cabeza y dos alas pequeñas? ¿Esto será, de alguna manera, querubín?

Vicente. – Bueno, yo no sé, porque, claro, cada artista ha pintado los ángeles según las concepciones, pero a medida que ascendemos por la escalera de Jacob de la evolución, donde ascienden y suben los ángeles, lo que decía Antonieta, hay una gradación infinita de ángeles, es decir, que hay ángeles sutiles, más sutiles, cuanto más elevada es la persona, más sutil es.

¿Cuándo somos más inteligentes? Cuanto más sutil es nuestra mente. ¿Cuándo sentimos más sentimiento creador? Cuanto más sutil sea nuestra emoción o nuestro sentimiento. ¿Cuándo somos más sutiles en la conducta? Cuanto más sutil sea el cuerpo.

Por lo tanto, aquí hay un indicio del trabajo a realizar. Con los ángeles pasa lo mismo, porque es la jerarquía.

Hay ángeles que están en contacto directo con la naturaleza y se les puede percibir incluso con los sentidos corporales en un momento determinado, según cual… se pueden descubrir en la naturaleza este tipo de devas, pero hay devas a los cuales no podemos llegar ni aun con la visión más exaltada porque pertenecen a niveles que son inaccesibles al hombre, y cuando alcanzamos —por obra y gracia del Espíritu Santo— alguna iniciación, o entramos en una nueva dimensión del espacio conscientemente, entonces, empezamos a percibir sutilidades; a descubrir formas, olores, sonidos…, que no tienen nada que ver con lo que conocemos, y que, por lo tanto, no hay una descripción para los que te escuchen. Pero si van sutilizando la mente, si se educan en la calma del silencio y llegan a visualizar un día esta realidad que no tiene forma, entonces, podrán conversar con un ángel como conversamos entre nosotros, porque la ley es la misma, es el sonido, pero el sonido se ha hecho sutil hasta el extremo que, para oírlo, tendremos que educar otro oído que no poseemos, y en el cual la clariaudiencia y la clarividencia son precursores del estado de gracia mediante el cual el hombre puede conectarse con el mundo de los ángeles, pero que los ángeles inferiores están actuando en la naturaleza y están en contacto con los seres humanos interviniendo en los asuntos del hogar, ¡ahí está el peligro! ¿Por qué? Porque sin haber dominado todavía el contexto físico, emocional y mental, estamos entrando en nuestra casa —por obra y gracia también, de esta fuerza que tenemos de evocación— a entidades inferiores de esos planos.

Que todos tenemos sueños que nos dan una noción de esos estados, que todos tenemos estados de angustia que no pertenecen a ningún momento determinado, psicológicamente hablando, sino que seguimos las imperiosas necesidades de entidades que, a través de nosotros, quieren controlar la vida.

Y no debe ser así, porque es el hombre que debe controlar la vida y hacer contacto con los ángeles de sistemas solares superiores, y entonces sabrá lo que es la fraternidad; porque la fraternidad —que antes hemos ya llevado al extremo de esta fraternidad de relaciones cósmicas— es la que debemos establecer como primer paso con los reinos de los ángeles. Y ahora mismo en la meditación hemos tenido contacto con los ángeles, porque los ángeles se manifiestan a través del vacío que hemos creado con los mantras y el silencio. Por lo tanto, todos estamos llegando a un punto en el cual nos damos cuenta que estamos inmersos en un mundo que desconocemos todavía, es tan complejo, es tan elevado y somos tan complicados y tan pequeños en nuestra mente, que cuanto digamos acerca de los ángeles, de los maestros, tiene que sonar forzosamente a algo vacío, a algo sin sentido, ¿por qué? Porque, lo que decía Marcelo, no se puede comprobar.

Supongan que puede haber un ángel, ¿cómo podéis interpretar vosotros que pueda haber un ángel o que conversan con un ángel? Nadie podrá decírselo.

Es una experiencia que pertenece a cada uno de ustedes; y cuando ustedes se den cuenta de que en su sutilidad han encontrado un hálito de sentimiento más allá de lo que están acostumbrados a sentir, quizá tengan noción de un contacto angélico, pero no antes.

Interlocutor. – Es que yo a través de un niño sentí un ángel, por eso decía yo que era, me parecía a mí que era una jerarquía, un querubín, porque era un niño ¿eh? y a través de él sentí yo el saludo de un ángel.

Vicente. – Es posible, porque el ángel adopta la forma que quiere adoptar; porque el ángel precisamente domina los éteres y todo lo que existe en la naturaleza no es más que una proyección etérica más o menos densa; incluso los planos que constituyen el sistema solar no son más que éter condensado, que va desde el espíritu más elevado hasta la más densa de las materias.

Y en cada uno de estos niveles hay seres vivos, seres invisibles que no podemos ver, y que quizá en animales como el caballo, el perro y el gato puedan ver, pero que pertenecen a una dimensión que no es la nuestra; y por lo tanto no hay que negar una cosa por el simple hecho de no verla, sino decir pacientemente: ”Estoy trabajando en mí para crear un estado químico en el crisol de la prueba que me dé la facilidad de poder interpretar el mensaje de un ángel”.

Pero claro, hasta que no interpretemos el mensaje de una necesidad humana, los ángeles no se podrán revelar a nosotros. Habrá que trabajar mucho y duramente.

 

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